Hoy queremos compartir con todos y todas una noticia de la que estamos muy orgullosas, pero que a la vez nos deja un sabor agridulce: esta semana hemos despedido a nuestras compañeras de prácticas del Grado de Pedagogía de la Universidad Complutense de Madrid, Elena y Lucía, personas comprometidas con la intervención social que han aportado a Espiral su visión y manera de trabajar.

Aquí entendemos el periodo de prácticas como una parte fundamental de la formación de las futuras profesionales de la educación y la intervención social. Por eso, apostamos por un acompañamiento cercano, real y con sentido, en el que las alumnas en prácticas forman parte activa del día a día de los centros, del equipo educativo y de la relación con la infancia. Creemos que aprender implica observar, participar, vincularse y reflexionar desde la experiencia compartida. Aquí os dejamos unos pequeños fragmentos que han querido compartir con nosotras:
El 2 de febrero empecé mis prácticas del grado de pedagogía en la asociación Espiral Loranca, en Lavapiés. No tenía ni idea del mundo que estaba por conocer. La familia Espiral me recibió con los brazos abiertos y me fue enseñando, día tras día, lo que la hace tan especial. El diálogo abierto, horizontal e intergeneracional; el espacio común y compartido; el respeto y la tolerancia como elementos sustentadores del centro. En Espiral hay un lugar y un momento para cada niño y niña, y se vela diariamente por el pleno desarrollo y bienestar de la infancia. Se detectan y se atienden sus necesidades, incidiendo desde lo académico hasta el plano socioemocional en el que se focaliza su intervención. Se enseña a convivir en un mundo compartido, y se hace hincapié en la diversidad y autenticidad de cada persona como elementos que enriquecen y que nos hacen a todos y todas un poquito más plenos. Se resalta diariamente la importancia de construir vínculos con las personas y de valorar y respetar lo que se quiere. Y, sobre todo, se aprende; de la infancia y con la infancia. Las educadoras son una representación fiel a lo que es el centro y, personalmente, de las fuentes más valiosas de aprendizaje que me llevo de aquí. Ellas hacen de Espiral un hogar, y logran que sea difícil querer acabar el periodo de prácticas en el centro. Yo me llevo una experiencia que me ha cambiado la vida: me quiero dedicar a la pedagogía social y al trabajo con la infancia.
Elena Moreno Martín (Centro Espiral Lavapiés)
Durante estos tres meses de prácticas de Pedagogía en Asociación Espiral Loranca he aprendido muchísimo, tanto a nivel profesional como personal. Ha sido una experiencia muy bonita en la que he podido conocer de cerca el trabajo que realizan cada día con los niños y niñas, participar en muchas actividades y aprender la importancia de acompañarles desde el respeto, la cercanía y la comprensión.
Una de las cosas que más valoro de esta experiencia ha sido la cercanía y la implicación del equipo. Desde el primer momento me hicieron sentir parte de la asociación, acompañándome y enseñándome siempre desde el cariño, el respeto y la naturalidad. Gracias a ellas he aprendido la importancia de crear espacios seguros y positivos para los menores, así como la necesidad de comprender sus tiempos, emociones y necesidades.
Me llevo mucho aprendizaje, pero sobre todo el cariño recibido por parte de los niños y niñas y del equipo. Ha sido una experiencia muy enriquecedora que recordaré con mucho afecto.
Lucia Rueda Martín (Centro Espiral Loranca)
Las palabras de Elena y Lucía reflejan el valor que en Espiral damos al acompañamiento. Está en nuestro ADN ser hogar, no solo de los chicos y las chicas, si no de cada persona que forma parte de la familia Espiral, familia que ahora es un poquito más grande. Gracias chicas, sois educadoras sensibles y preparadas para construir entornos educativos más justos, humanos y transformadores.







